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Tem Tecma 2006


12/06/2006 El graffiti: ¿arte o vandalismo?

El graffiti: ¿arte o vandalismo?

La movida nocturna, el graffiti y los actos de vandalismo, a debate en TEM TECMA   
El fenómeno del graffiti en las ciudades genera opiniones encontradas entre los expertos en arte, los graffiteros, las autoridades públicas y el público en general. Lo que para unos es un arte, para otros no es más que un acto incívico, irrespetuoso con el mobiliario urbano, e incluso digno de ser calificado como vandalismo
Los graffiteros se defienden alegando que sus pinturas constituyen una forma de expresión artística,  una manera de expresar sus sentimientos, sus ideales e incluso un mensaje reflexivo para transmitir a la sociedad

El graffiti se ha convertido también en un modo de ganarse la vida, ya que muchos de estos artistas son contratados para que decoren fachadas de locales comerciales, e incluso algunas compañías del sector publicitario como Zenithmedia lo han utilizado para sus campañas
En el lenguaje común, se entienden como graffiti las diversas formas de inscripción o pintura que se realizan sobre propiedades públicas o ajenas, ya sean paredes, coches, trenes, puertas, etc. No se puede negar que el graffiti tiene una parte de artístico -si es que puede ser considerado como un arte-, pero el problema viene cuando esas pintadas se realizan en lugares públicos no habilitados para este fin o en espacios privados sin el permiso del propietario. Una disparidad de criterios que será abordada en el marco de TEM TECMA 2006, Feria Internacional de Medio Ambiente y Urbanismo, que se celebra del 13 al 16 de junio próximos, en la Feria de Madrid, a través de una mesa redonda sobre el uso de los espacios públicos para realizar pintadas de graffiti y cómo éstas pueden afectar a la estética y al medio ambiente urbano.
En España hay ciudades como Benicarló o Vinaroz en  las que el graffiti está bien visto por las autoridades y los ciudadanos, ya que consideran que las pintadas de las calles sirven para ocultar la suciedad de las paredes, tapar las humedades o las pintadas políticas y decorar los espacios muertos. Sin embargo, ¿hasta qué punto es lícito el derecho de los graffiteros a expresarse en un mobiliario urbano que no les pertenece?
Muchos teóricos como Joan Garí, Jesús de Diego y otros ilustres grafitólogos, han planteado que el graffiti es un fenómeno que ya surgió hace millones de años con la pintura rupestre y que continuó con las catacumbas, los vikingos, los romanos, mayo del 68, la movida neoyorquina de los 70, etc. Sin embargo, para los iniciados en el graffiti, que viven el mundo del hip hop y la movida nocturna desde dentro, no hay nada más lejos de la realidad. Francisco Reyes Sánchez, graffitero y autor de la primera tesis doctoral en España sobre hip hop y graffiti, además de profesor en la Universidad Complutense de Madrid de la única asignatura universitaria que existe sobre esta materia, afirma que esa visión va dirigida a la gente que lo ve desde fuera. Reyes señala que el graffiti es algo simple y espontáneo, y que “la gente que lo ve desde fuera y que se cree estas teorías, nunca va a entender por qué un chaval se arriesga, se gasta dinero y pasa frío para hacer un graffiti en una cochera que sólo durará una hora; un raffiti que no tiene mensaje ni reivindica nada”.
Graffiti y Publicidad
Algunos teóricos también comparan el graffiti con la publicidad, considerando que ambos tienen un valor comunicativo y social, los dos se manifiestan públicamente, y buscan ser diferentes, originales y llamar la atención. Esta opinión es compartida por Max 501, uno de los más famosos graffiteros españoles, que afirma que el graffiti es como la publicidad, y que para él es el conducto ideal para expresar de forma gratuita sus ideas y su faceta artística. “Considero que el graffiti es una técnica más de dibujo y pintura de los nuevos tiempos, como lo son el óleo, la acuarela o el carboncillo. ¡Y qué mejor museo que la calle!. Yo no pinto para protestar ni para reivindicar nada, pinto porque es lo que me gusta hacer desde muy pequeño. Personalmente intento pintar en los sitios transitados por el mayor número de personas, respetando en la medida de lo posible lo que no es mío”.
En este sentido, Muelle, uno de los más famosos graffiteros españoles, cuya firma en forma de bucle se popularizó en los años 80 por las ciudades españolas, ha llegado a afirmar que el grafitti es un antídoto contra el bombardeo de imágenes que nos invaden constantemente. Al fin y al cabo, como ellos afirman, nadie nos pregunta si queremos ser bombardeados continuamente por la publicidad, que nos agobia. Con el graffiti entonces, sería lo mismo.
Una forma de ganarse la vida
El graffiti, más allá de inundar las calles de nuestra ciudad -de forma más o menos lícita, según quién opine- también se ha convertido en los últimos años en un oficio con el que los graffiteros ganan dinero. Hay personas particulares que contratan los servicios de estos artistas urbanos para decorar las fachadas de sus locales o tiendas, e incluso compañías del sector de la publicidad como Zenithmedia, que recientemente ha utilizado el graffiti para impulsar una de sus campañas. Max 501 es un ejemplo de ello, puesto que cuenta con una marca de ropa propia basada en sus diseños llamada
“Antoñito®”, ha diseñado un teléfono móvil para la compañía Motorola y ha colaborado en muchos actos culturales sobre graffiti y movida urbana en diferentes comunidades.
 


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(Fuente de información: Ifema)

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